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¿Quién da más? Rentabilidad versus Riesgo

¿Quién da más? Rentabilidad versus Riesgo  

 
Tener bajo responsabilidad la inversión de una suma de dinero, bien sea propia o de terceros, es una tarea complicada que puede resultar estresante e incluso abrumadora para algunos. Es necesario garantizar que el manejo que se le da a estos dineros, satisfaga las expectativas que existen sobre ellos. Nadie espera algo diferente a que los resultados sean los mejores pero ¿qué significa que sean los mejores?
enero  01 de 2015

El entorno competitivo en el que vivimos desde que nos vinculamos al aparato productivo o incluso antes, erróneamente nos ha indicado que los mejores siempre son los primeros o aquellos que más ganan. En este sentido, nuestro sistema económico a través del dinero permite valorar rápidamente y juzgar, sin miedo a equivocarnos, las posiciones de líderes, seguidores y rezagados en dicha competencia.

Entendemos que la multiplicación de nuestro dinero y, por tanto, nuestra posición en la medición del  éxito depende de esa variable que llamamos rentabilidad. Por eso, generalmente cuando hablamos de inversiones lo primero que viene a nuestra mente es esa palabra rentabilidad. Aunque por años predicamos que un mayor retorno implica indefectiblemente un mayor riesgo, la realidad es que en muchas ocasiones olvidamos el significado del riesgo y sus posibles efectos en nuestra vida o el desarrollo de las empresas que lideramos.

Luego de trabajar por años en finanzas y en el mercado de valores, asesorando todo tipo de inversionistas, aún no deja de sorprenderme el hecho de que los inversionistas no conocemos la rentabilidad que deseamos. Es lógico y absurdo a la vez. Es lógico porque siempre queremos ganar más y nunca perder; preferimos el 10% al 5%, el 20% al 10% y así sucesivamente. Es absurdo porque perseguir siempre una rentabilidad superior puede conducirnos a escenarios indeseables.

En gran medida el culpable de dicha situación es haber olvidado que la felicidad y la tranquilidad de los inversionistas no radican en un número absoluto de rentabilidad sino en tener productos que solucionen sus necesidades, sean propicios a su situación particular y se adapten a sus expectativas. Precisamente, el estudio Investor Happyness[1] señala que los inversionistas son felices cuando el desempeño de sus portafolios alcanza el desempeño esperado, en otras palabras, se cumple con el objetivo planteado.

Dado que es difícil identificar un claro límite del apetito por rentabilidad, es necesario recurrir a otras formas de seleccionar cómo y en qué invertir. Con total certeza se puede conocer la aversión al riesgo del inversionista. Es decir, saber exactamente qué nivel de pérdidas sobre el capital resulta tolerable para cada persona. Este es un factor clave para realizar una buena inversión. El proceso debe partir de la identificación de la tolerancia a las pérdidas, los objetivos y necesidades del inversionista y, posteriormente, finalizar en el diseño y ejecución de una estrategia diversificada que cumpla con los parámetros descritos y procure maximizar la rentabilidad.

Mientras el inversionista perciba que se tiene una estrategia definida y claramente orientada a hacer realidad sus objetivos sin traspasar su umbral de tolerancia a las pérdidas, es bastante probable que la palabra rentabilidad y la competencia por obtener la más alta no sea el único factor para medir nuestro nivel de éxito en tan importante gestión.

 

 



[1] Merkle, Christoph and Egan, Daniel P. and Davies, Greg B, Investor Happiness (January 22, 2014). Available at SSRN.com

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